Sin Salsa no hay paraíso
La salsa no es un género que
me agrade mucho, si bien se bailarlo, no la podría escuchar toda una noche
entera. Sin embargo hace muchos, muchos jueves me llamó una amiga para
comunicarme con mucha emoción, que tenía entradas para ir a ver a La charanga
habanera. Obviamente estaba enterada de quienes eran estos cinco morenos que
hacían delirar a todas las féminas peruanas. Si los había escuchado con
anterioridad, en las diferentes discotecas de Lima y en la radio. De hecho que consideré interesante
poder ver un show de salsa, el tema fue cuando me dijo donde era, ya que se iban
a presentar en un lugar llamado salsodromo de nombre Tumbao. Si había escuchado
anteriormente hablar de ciertos lugares donde únicamente tocaban salsa
diferentes orquestas, los lugares más poblados por vedettes y peloteros.
Jamás pensé ir a uno de
estos sitios, pero ante la llamada desesperada de mi mejor amiga que es amante
ferviente de la salsa, acepté ir con la condición de que acabando de tocar la
charanga nos íbamos veloces hacia nuestros domicilios. Fue así, como llegamos
al Tumbao de Miraflores que está ubicado al costado de la conocida calle de las
pizzas y felizmente no hubo necesidad de hacer cola para entrar, ya que nos
esperaba mi amiga acompañada de la persona que tenía el poder en ese centro que
hasta el momento, era terreno desconocido para mi.
Ingresamos y nos sentamos en
la mesa que estaba reservada frente al escenario. Los primeros sesenta minutos
me dediqué únicamente a conversar y a observar a las personas que acudía a este
conocido salsodromo miraflorino. Tenía conocimiento que la salsa llegaba a
todos los rincones del universo y que blanco, chino, negro lo bailaban, pero de
alguna forma un poco cerrada, mi mente agrupaba la salsa con los micros, las
polladas, los conos y lugares populosos. Sin embargo, vi de todo. Desde
personas reconocidas como actores, actrices, futbolistas y bailarinas del
medio, hasta la persona más humilde del mundo. Y todos se emocionaban tanto cuando
las diferentes orquestas tocaban las canciones, que por cierto duraban como 10
minutos cada una. Descubrí que eso es también algo que no me gusta de este
género musical, las canciones son demasiado largas y tediosas, me aburren. Seguí
observando y todos, en su mayoría, hombres y mujeres aplaudían al compas de la
música de una forma súper peculiar, con un ritmo y disfrute increíble.
Las parejas que bailaban lo
hacían todos tan bien. Vivían lo que bailaban, eran verdaderamente personas que
amaban la salsa y gozaban al ritmo de ésta. Las mujeres bailaban salsa
completamente diferente a mi, era una especie de salsa con reggaetón y un
movimiento de pelvis, que no lo entendía mucho, pero era divertido verlo.
Así como había gente que
bailaba buenísimo, también estaba la gente que ama y disfruta de la salsa pero
sentados, porque al pararse era un enredo de piernas inimaginable. Eran ya las
2 de la mañana habían pasado tres horas, ya me quería ir a dormir, me comenzó a
estresar el sonido intenso de ¿las trompetas, los tambores? En realidad no sé cuáles
eran los instrumentos involucrados en mi tortura momentánea. Sin embargo seguía
esperando que los cubanos salgan para ver el show tan esperado por todos.
A las 3 ya no podía más,
hacía tanto calor, que sin la necesidad de haber bailado tanto, ya estaba sudando,
cosa que más detesto. Ya estaba empezando a entrar en colapso, y 3:30 de la
mañana cinco chicos increíblemente sexys salían al escenario para hacer delirar
a todas sus seguidoras. Habrán estado en el escenario una hora aproximadamente
y debo de admitir que valió completamente la pena la espera, porque lo disfruté
muchísimo. Me gusto haber aceptado ir y haber comprobado que un show de salsa
bien hecho, es una experiencia rica que jamás podrás olvidar. .
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